Eh descubierto como el cielo dormía
En tus hombros, como el ocaso se perdía
En tus mejillas, como ardía
El fuego en tu mirada
Y como perecían las olas
En tu plana espalda.
Como de las curvas de tu nariz,
Hasta la de tus ondulados cabellos
Que formaban una fina raíz
Hasta el áspero tacto de mis dedos,
Se encaprichaban con mis besos
Dándole sentido a los arboles
Que arropaban nuestro lecho.
“Ahí yacen los amantes enamorados
Que entre un enjambre de abejas,
Entre la miel y sus besos
Que marcan el fin de un ocaso eterno”
Susurraba impetuoso el frío viento.
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